Estos animales «sólo podrán transitar por la vía pública acompañando a personas mayores de edad, sujetos con una correa irrompible de un metro de longitud como máximo y previstos de bozal». Tampoco podrán entrar en los espacios públicos destinados al ocio o esparcimiento de los menores, y ninguna persona podrá llevar más de uno de estos canes a la vez. La norma recoge además que el propietario tendrá que llevar en todo momento el Documento Autonómico de Identificación y Registro Animal (Daira) del perro, que para estas categorías estará atravesado por una banda roja. Naranjo detalló que los dueños de estos animales necesitarán obtener una licencia especial otorgada por el Ayuntamiento y reunir una serie de requisitos, como ser mayor de edad, tener capacidad física y aptitud psicológica, no haber sido condenado por delitos graves y suscribir un seguro de responsabilidad civil por daños a terceros con una cobertura de al menos 175.000 euros. Como medida de seguridad establece que los perros deberán pasar un curso de adiestramiento, y se prohíbe el entrenamiento para el ataque o potenciar su agresividad. Únicamente podrán ser entrenados por personal especializado y autorizado para la guarda y custodia de sus propietarios. Según los datos aportados por la Consejería, en el Registro Andaluz de Identificación Animal (RAIA), en el que tienen la obligación de estar inscritos todos los perros, gatos y hurones de la comunidad autónoma que se utilizan como mascotas, hay ya una sección específica para los animales potencialmente peligrosos. En este registro hay inscritos 1.057.178 perros, de los cuales 27.970 son potencialmente peligrosos -de razas puras o mestizos-, lo que supone un 2,6% del total. En cuanto a los doberman, en la actualidad hay inscritos 2.890, con lo que el porcentaje se elevaría hasta el 2,9 por ciento.





