
En sus aulas conviven doce nacionalidades, aunque en mayor número son de Marruecos, más incluso que el alumnado de nacionalidad española. Sin embargo, el IES Las Norias sirve de ejemplo sobre cómo llevar a la práctica todos los planes y programas posibles para favorecer la interculturalidad y la convivencia pacífica.
Según el director del centro, Francisco Montoya, su oferta educativa se estructura sobre dos bases: la línea curricular y la línea convivencial. A medio camino entre una y otra está el plan de compensación educativa que contempla medidas para alumnos en situaciones de exclusión sociocultural, tanto españoles como inmigrantes.
Sistema único
La excepcionalidad del mapa cultural en que deben desenvolverse los profesores del centro de Las Norias les ha llevado a realizar una adaptación curricular del centro estableciendo niveles desde el primer ciclo de Primaria hasta cuatro de ESO; y todo ello pese a que son un centro de Secundaria. «El problema es que muchos niños del programa de acompañamiento carecen por completo de historia escolar, es decir, no habían pisado una escuela hasta llegar aquí», señaló Francisco Montoya.
Igualmente, el director del IES Las Norias indicó que han tenido que desarrollar medidas organizativas que no existen en ningún otro punto de Andalucía: los agrupamientos flexibles. De esta forma, a la misma hora, todos los alumnos de un mismo curso tienen las mimas asignaturas instrumentales como Matemáticas, Lengua, Naturales, Sociedad o Inglés. Así pueden adaptar más fácilmente la materia al nivel de cada uno de los alumnos.
Pero todas esas medidas curriculares de poco servirían, si no trabajasen la convivencia y la verdad es que, en ello, pueden dar muchas lecciones. Tienen un programa de coeducación (para enseñar en igualdad de género), trabajan en el marco de 'Escuela: Espacio de Paz' (para favorecer la convivencia de culturas en las aulas y sin violencia), desarrollan 17 talleres diferentes en los recreos, forman parte del programa 'Deporte en la escuela' con actividades gratuitas por la tarde e incluso están formado a algunos alumnos para que 'trabajen' como mediadores.
Tienen actividades por la mañana, por la tarde, en los recreos; en definitiva, el centro es un hervidero de actividad donde los profesores y alumnos intentan borrar las diferencias que existen por nacer en uno u otro lugar. Les supone un esfuerzo enorme «y una implicación constante, diaria», pero de momento están consiguiendo que sus doce nacionalidades convivan sin grandes problemas.
«En el centro no hay conflictos interraciales, si acaso alguna pelea intrarracial, entre los propios alumnos marroquíes, y que intentamos arreglar recordándoles que, al menos, discutan en español para saber quien lleva la razón», bromea el director del instituto.





