A lo mejor por ahí van los tiros de los que quieren prohibir el lucimiento de las glándulas mamarias (eufemismo al canto) en las piscinas, que al parecer es la Asociación de Centros de Ocio de Suecia. Su portavoz argumenta que «el reglamento de las piscinas de este país estipula que los hombres deben llevar un 'slip' de baño y las mujeres un biquini o un bañador». Y añade que están movidos por cuestiones de seguridad, higiene y costumbres dominantes; y que quieren «garantizar a nuestras clientes que no sean víctimas de acoso». La higiene no parece un motivo plausible, igual contamina un pecho desnudo que vestido. Y en cuanto a lo otro, las defensoras del 'monoquini' arguyen que «nuestro objetivo es suscitar un debate sobre reglas culturales y sociales no escritas que discriminan y sexualizan el cuerpo femenino ( ) es importante que tengamos los mismos derechos que los hombres. Cuando nos acusan de querer suscitar la atracción masculina al exhibir nuestros pechos contestamos que ellos deben ser capaces de no agredirnos visualmente cuando estamos en top less ( ) Queremos que nuestros pechos sean tan normales y estén tan desprovistos de connotaciones sexuales como los de los hombres. Después de todo sólo son pechos».
Brillante colofón para nuestra larga vida de viejos verdes. Encima va a resultar que el que las mujeres tengan tetas es un lastre para la humanidad y para la igualdad de ambos sexos. ¿Carallo! Si ésa es precisamente una de las grandes ventajas -si no la que más- de las mujeres sobre los hombres: tiran más dos tetas que dos carretas, como dijo el sabio. Ustedes perdonen, señoritas nuestras, pero no nos aclaramos: si medio mundo anda preocupado por la 'desgana' que nos invade y se recomienda la búsqueda de las zonas erógenas del cuerpo de la pareja, ¿por qué quieren quitarle las 'connotaciones sexuales' a los pechos femeninos?, uno de los focos de atracción para el hombre y profundamente erógeno para la mujer. ¿Qué andarán buscando? Porque luego, cuando el personal se va echando al monte de la metrosexualidad y/o homosexualidad, las mujeres se quejan de que ya no hay hombres como los de antes. Pues si quieren que desaparezcan los pocos alicientes que nos quedan a los pocos fieles que les vamos quedando, que luego no se quejen. Nosotros sí que seguiremos quejándonos, que conste. El tiempo que nos quede.





