Cincuenta y un años antes de aquel 14 de marzo de 1899 ya había circulado por primera vez en España un tren (Barcelona -Mataró, en 1848). En 1855 había más de 6.000 kilómetros de líneas férreas. Treinta años más tarde, sólo había tres capitales españolas sin conexión ferroviaria: Almería, Soria y Teruel. «Los contemporáneos hablaban de Almería como de una isla en materia de comunicaciones. La inexistencia de caminos o el pésimo estado de éstos, provocaba que la única comunicación con otros puntos de la Península se realizara a través de los barcos que puntualmente arribaban al puerto para, vía Málaga o Cartagena, proseguir viaje hacía el interior», afirma la Asociación de Amigos del Ferrocarril en su estudio.
Al año siguiente, 1886, se hizo la luz: el tren llegó a Almería (y a Soria, aunque Teruel aún tuvo que esperar más). En los 13 años siguientes se construyeron más de 300 kilómetros de vías en la provincia. Y nunca más.
Más de un siglo después, Almería lucha por no quedarse en el vagón de cola otra vez. A pesar del gran varapalo de 1985, cuando se cerró la línea Almedricos-Guadix, (161 km, el 52% de la red almeriense). La mitad de la población lleva desde entonces sin un acceso razonable al tren.





