Es parecido a lo que le pasó a M.M.E., de 48 años. Trabajaba para una comunidad de regantes en La Mojonera. Como percibía una pequeña prestación por discapacidad lo hacía sin contrato. El 27 de septiembre pintaba un pozo y sufrió una descarga eléctrica fatal.
De R.G.L.P. también se conocen sólo sus iniciales. Eso y que en su Argentina natal deja viuda y varios hijos que crecerán sin conocer a su padre porque cuando estaba trabajando de pintor se produjo una explosión en el local de El Ejido donde se ganaba el jornal. Murió el 2 de septiembre después de varios días de agonía. Tampoco entrará en las estadísticas de siniestralidad laboral, aunque el sentido común diga que murió, como suele enunciar la Hermandad Obrera Católica, en «el campo de honor del trabajo».
Se excluye de las listas oficiales de siniestralidad en la provincia al trabajador argentino porque no tenía papeles, y un irregular no puede tener contrato de trabajo en regla como se exige para entrar en el cómputo. Y también porque murió más de 48 horas después de producirse el accidente, otro de los motivos con los que la administración adelgaza las listas de la verguenza social de los accidentes laborales.
Alarma social
Agarrarse a la vida más allá de lo que los burócratas consideran pertinente fue lo que le ocurrió a Julia Margarita, ecuatoriana empleada de una subcontrata de la fábrica de perfumes Briseis. Hubo una deflagración que se llevó por delante la vida de otra compañera el 7 de septiembre. Julia Margarita no falleció hasta el 4 de octubre. No entra en las estadísticas oficiales.
La misma teoría se podría aplicar a uno de los cinco trabajadores de la cementera Holcim de Carboneras fallecidos el 4 de julio pasado. Cuatro de ellos quedaron sin vida en el momento del desplome de una tolva de carbón que los aplastó. El quinto resistió hasta el 1 de septiembre. Muchos días para que se cuente su muerte entre los accidentes de trabajo. Oficialmente se hará constar que murió por parada cardio-respiratoria. Como si nunca le hubiesen caído encima 200.000 kilos de mineral. Para quienes cuentan los accidentes de trabajo, este caso no existe.
El 8 de abril la tragedia se vivió en la localidad de Las Tres Villas. Una tragedia que tampoco tiene reflejo en la estadística oficial. Un agricultor iba con su tractor, sufrió un accidente y perdió la vida. Pese a la evidencia de que alguien que va en tractor está trabajando, no cuenta como accidente laboral porque es autónomo. Los autónomos no cuentan como accidentes laborales.
Cultura de prevención
Los sindicatos conocen bien esta realidad, pero prefieren evitar una guerra de cifras con la administración. Juan José Martínez, secretario de Salud Laboral de UGT en Almería, insiste en que su sindicato «no va a entrar en polémica» por este motivo. «Lo grave es que hay muertes por accidentes de trabajo, y que todas se pueden evitar», argumenta.
Tampoco entiende los motivos de la administración para adelgazar las estadísticas. «Para decir que se ha reducido la siniestralidad no hace falta esconder muertos. Veinticuatro son un escándalo, es cierto, pero si fuesen 22 ó 18 sería el mismo escándalo. Lo grave es que se siguen produciendo muertes por accidente de trabajo, y que hay que inculcar cultura de prevención en las empresas».





